La tristeza
"Sólo entonces comprendí que morir es no estar nunca más con los amigos". Esto dice Gabriel García Márquez en el prólogo de "Doce cuentos peregrinos". El libro llegó a mis manos del mejor modo posible: me lo entregó una amiga. Comienzo apenas a leerlo cuando me toca asistir a la muerte absurda (¿habrá alguna que no lo sea?) de otra amiga. Yo no se decir la tristeza. Desde pequeño me enseñaron a llorar para adentro y mi padre me dió la lección -buena o mala, pero imborrable- de que aún en mitad de la más honda pena hay que abrirse un resquicio a golpe de sonrisas. Así ando ahora; con los huesos tristes y sin algún lugar para acomodar mi pena.
Soy un desastre. Me voy a un rincón, me quedo callado, miro sin mirar y no hallo otro modo de caricia y consuelo para tanto pariente y tanto amigo apenado que alguna broma tonta, o fuera de lugar que son mis oblicuos modos de decir: no estés triste, te quiero mucho, estoy llorando contigo.
Me haría mucha falta sentarme a platicar con Gabriel García Márquez. Me gustaría preguntarle acerca de esto de que morir es ya no poder estar con los amigos. Estaría muy bien que me explicara qué pasa con los amigos con los que ya no puede estar el que murió. Yo, según siento las cosas, creo que también los amigos se quedan un poco muertos.
Hay recintos de nuestro corazón a los que sólo el ausente tenía manera de ingresar. Sólo el sabía las combinaciones, las claves, las palabras mágicas, la caricia exacta para llegar a ese sitio exclusivo donde ese ser amado se encontraba con nosotros.
Dice Vallejo: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte". Tiene y no tiene razón. Podemos recordar, podemos ser fuertes, podemos no entender, pero si sentir que lo mejor del ausente se ha quedado disuelto entre nosotros. Los muertos no reposan en el cementerio. Los seres que mueren asediados de amor son seres laboriosisímos. Ahi se quedan dando lata en un gesto que parece nuestro, pero que es de ellos; en un recuerdo amable que ahi se queda como ínfimo pero indestructible y compartido monumento. Los seres sonrientes que mueren resucitan imperceptiblemente en cada sonrisa de los que, aún en mitad del llanto, los recordamos e irresistiblemente sonreimos.
Mi amiga era amorosa, sonriente, humilde y bondadosa. Veo a su esposo, a sus hijos, a sus nietos, a su hermana, a sus parientes y a sus amigos y tengo que rectificar: mi amiga Margo es amorosa, es sonriente, es humilde y es bondadosa.
Germán Dehesa
Soy un desastre. Me voy a un rincón, me quedo callado, miro sin mirar y no hallo otro modo de caricia y consuelo para tanto pariente y tanto amigo apenado que alguna broma tonta, o fuera de lugar que son mis oblicuos modos de decir: no estés triste, te quiero mucho, estoy llorando contigo.
Me haría mucha falta sentarme a platicar con Gabriel García Márquez. Me gustaría preguntarle acerca de esto de que morir es ya no poder estar con los amigos. Estaría muy bien que me explicara qué pasa con los amigos con los que ya no puede estar el que murió. Yo, según siento las cosas, creo que también los amigos se quedan un poco muertos.
Hay recintos de nuestro corazón a los que sólo el ausente tenía manera de ingresar. Sólo el sabía las combinaciones, las claves, las palabras mágicas, la caricia exacta para llegar a ese sitio exclusivo donde ese ser amado se encontraba con nosotros.
Dice Vallejo: "Tanto amor y no poder nada contra la muerte". Tiene y no tiene razón. Podemos recordar, podemos ser fuertes, podemos no entender, pero si sentir que lo mejor del ausente se ha quedado disuelto entre nosotros. Los muertos no reposan en el cementerio. Los seres que mueren asediados de amor son seres laboriosisímos. Ahi se quedan dando lata en un gesto que parece nuestro, pero que es de ellos; en un recuerdo amable que ahi se queda como ínfimo pero indestructible y compartido monumento. Los seres sonrientes que mueren resucitan imperceptiblemente en cada sonrisa de los que, aún en mitad del llanto, los recordamos e irresistiblemente sonreimos.
Mi amiga era amorosa, sonriente, humilde y bondadosa. Veo a su esposo, a sus hijos, a sus nietos, a su hermana, a sus parientes y a sus amigos y tengo que rectificar: mi amiga Margo es amorosa, es sonriente, es humilde y es bondadosa.
Germán Dehesa
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